“Sin consciencia social no hay salud mental”: una movilización que reclamó comunidad y políticas públicas
La jornada puso el foco en los vínculos comunitarios, cuestionó el individualismo y el modelo de consumo, y reclamó respuestas concretas frente a la urgencia sanitaria. El documento también advirtió sobre el desmantelamiento de dispositivos de atención comunitaria y defendió la salud mental como una cuestión de derechos y justicia social.

La comunidad como espacio de encuentro, participación y construcción colectiva fue uno de los ejes centrales de la movilización por la salud mental, que este año se desarrolló bajo la consigna “Sin consciencia social no hay salud mental”. El documento elaborado para la jornada cuestionó el individualismo, el modelo de consumo y la falta de respuestas concretas del Estado frente a una problemática que definió como una urgencia sanitaria.
La propuesta partió de una idea central: la salud mental no puede pensarse de manera aislada ni reducirse a la atención individual. En tiempos en los que se profundizan la soledad y la fragmentación social, el texto planteó la necesidad de recuperar los vínculos, la participación colectiva y la construcción de espacios compartidos.
Uno de los apartados estuvo dedicado a “La importancia de la comunidad en la salud mental; o salud mental comunitaria”. Allí se estableció una diferencia entre sociedad y comunidad: mientras la primera reúne a personas que comparten un territorio y una cultura, la segunda es una construcción que requiere compromiso, participación y la decisión de ceder parte del individualismo.
El documento advirtió que una sociedad sin comunidades corre el riesgo de convertirse en un conjunto de personas aisladas, fragmentadas y enfrentadas. Frente a ese escenario, sostuvo que la satisfacción humana no se encuentra exclusivamente en el consumo, sino también en los vínculos, el encuentro con otros y el amor.
En esa línea, reivindicó el papel de las asambleas como espacios para acercar posiciones, generar diálogos y producir colectivamente. “No nos quieren produciendo, nos quieren consumiendo”, expresa uno de los pasajes, que destaca el esfuerzo compartido para organizar la marcha y la importancia de que cada persona aporte desde sus posibilidades.
La construcción comunitaria fue comparada con una mesa colectiva en la que cada integrante lleva lo que tiene para compartir: “La mesa de una comunidad se hace con lo que cada uno traiga, es a la canasta, no a la bandeja”, señala el texto.
Una crítica al modelo de consumo y las exigencias de éxito
Otro de los ejes, bajo el título “Tiempo al tiempo”, propuso reflexionar sobre la relación entre el consumo, las exigencias sociales y el deterioro de la salud mental.
Para desarrollar esa mirada, el documento recuperó antiguos eslóganes publicitarios y otros más recientes, como “Just do it”, de Nike, e “Impossible is nothing”, de Adidas. A partir de esos mensajes, cuestionó los discursos que promueven la idea de que todo es posible y que el éxito y la felicidad dependen de la capacidad individual de alcanzar objetivos.
La reflexión apuntó a una exigencia permanente de felicidad, éxito y consumo, resumida en una lógica según la cual cuanto más se tiene, más se hace y más se vale. Frente a esa concepción, planteó la necesidad de recuperar los límites y preguntarse si realmente todo puede hacerse y si no existe lo imposible.
El texto también vinculó ese modelo con el aumento de la ansiedad, la depresión y los pasajes al acto homicidas y suicidas. En ese contexto, sostuvo que el sistema estimula constantemente el deseo de consumir, pero no contempla la importancia de la satisfacción como límite de la ansiedad.
Como contrapunto, recuperó una frase del escritor Eduardo Galeano: “Ayuda lo imposible a que lo posible se abra paso”.
El reclamo por políticas públicas y respuestas concretas
Uno de los tramos más críticos estuvo dirigido a las respuestas institucionales frente a la emergencia en salud mental. El documento cuestionó que, pese a la declaración de la urgencia mediante un decreto del Poder Ejecutivo provincial, no hubiera noticias sobre la puesta en marcha de un programa serio para abordar la problemática.
“La urgencia requiere presencia, no palabras, hechos, no intenciones. Y que quien debe responder esté a la altura”, expresa el texto.
Además, advirtió sobre el desmantelamiento de dispositivos de atención comunitaria que, según señala, funcionaron durante más de una década en la ciudad. En ese sentido, reivindicó aquella experiencia de trabajo territorial, basada en el abordaje comunitario previsto por la Ley Nacional de Salud Mental y los tratados internacionales a los que adhirió Argentina.
También destacó que ese modelo había obtenido reconocimiento a nivel nacional y había sido presentado en distintos congresos especializados.
El reclamo apunta a recuperar una política de salud mental que no se limite a la atención individual en consultorios, sino que contemple la prevención, el acompañamiento, la participación y la presencia del Estado en los distintos espacios de la comunidad.
Derechos, trabajo y justicia social
El documento incorporó también las conclusiones de las distintas comisiones temáticas que participaron en la elaboración colectiva de la jornada. Entre las principales definiciones se destacó que “la salud mental no se da en el aire ni se resuelve solo en un consultorio” y que “no hay salud mental sin derechos, sin dignidad y sin justicia social”.
Asimismo, se reclamó el acceso a medicamentos y a una atención sanitaria adecuada, y se advirtió sobre las consecuencias de la falta de respuestas institucionales, la represión, el ajuste y la pérdida de derechos.
La dimensión ambiental tuvo un espacio específico: “Sin justicia ambiental no hay salud mental”, sostuvo el documento, que recordó que vivir en un ambiente sano y acceder a información sobre la salud de la población son derechos humanos.
También se defendió el derecho a envejecer con dignidad y se remarcó que no es posible hablar de salud mental mientras se deterioran las condiciones fundamentales de la vida: la vivienda, el trabajo, la dignidad y el cuidado de los cuerpos.
La situación laboral fue otro de los aspectos abordados. El texto señaló que la pérdida del empleo y la incertidumbre sobre el futuro no representan solamente dificultades económicas, sino que también provocan la ruptura de vínculos sociales, la pérdida de seguridad social y profundas crisis de identidad.
El documento concluyó con un reclamo que sintetiza el sentido de la jornada: “Necesitamos un Estado presente, políticas públicas que garanticen nuestros derechos y una comunidad que acompañe, escuche y abrace”.
FUENTE: Asamblea Salud Mental



























